Transcurría el mes de julio y hacía bastante calor, pero el paisaje desde la cubierta del barco era increíble. Aún puedo recordar los olores del río, los colores cambiantes, los niños bañándose en sus orillas. Y lo mejor era que podías estar allí durante horas, contemplando el paso del tiempo, sin tener que pensar en nada, sólo mirando el paisaje, la franja verde, que lucha con la arena del desierto unos pocos kilómetros más allá.
Pero Egipto es mucho más que su río. La huella de una de las civilizaciones con más misterio del mundo, se halla por todas partes en forma de Templos en Luxor y Karnak. Tumbas escondidas en el Valle de los Reyes y las Reinas, con sus tesoros saqueados (si exceptuamos al joven Tutankamón) y Abu Simbel o "soy Ramses y mirad de lo que soy capaz". Yo lo habría llamado así.
Y luego está El Cairo y su kaos de tráfico y de gente que fluye como El Nilo, sin atascos, algo casi tan milagroso como conseguir cruzar una calle sin ser atropellado. Toda una experiencia digna de ser vivida.
Tampoco hay que olvidarse del Museo del Cairo. Es lo más párecido al final de la película de Indiana Jones y el Arca perdida. Es un almacén lleno de tesoros sin clasificar, pero con un encanto fuera de lo común. Nada que ver con nuestros ordenados museos.
No abandones la ciudad sin pasear por el Zoco de Khan El-Khalili con sus tiendas, sus casas y sus bares. Es toda una experiencia para los sentidos, así como una prueba para la paciencia. Allí sólo somos euros andantes.
Entre este bullicio de tiendas y gente tuve que pararme y pensar durante unos minutos. De hecho, algunos días aún lo recuerdo. Un señor tirando de un carro enorme, lleno de algo que no supe lo que era, pero que debía pesar muchísimo. Se paró a descansar y vi en su rostro la imagen del cansancio y el agotamiento más profundos.
Volví a Madrid y a mi cómoda vida, pero intento no olvidarle para tomar distancia, y darme cuenta de que mi trabajo siempre será mejor y menos duro que el suyo y de que mi vida siempre será más fácil que la suya.
A veces los viajes sirven para algo más que para ir de visita a un país y disfrutar de sus monumentos y paisajes. Siempre me gusta pensar en cómo sería mi vida o la tuya, si hubiera nacido allí. Todo sería diferente.
Será todo una cuestión de suerte geográfica, de casualidad?

