Hace varios días que veo a gente que no se siente bien por algo que desconozco. Sus caras serias en el trabajo, cuando voy a hacer deporte, cuando ando por la calle..
Cuánta gente llena de malos pensamientos. Es como si no les gustara su vida, como si algo no acabara de funcionar. Como si la crisis hubiera afectado también a sus estados de ánimo.
Y sé que esto pasa en cualquier lugar del mundo. No importa el país, ni la religión, ni el color de la piel. Hay muy poca gente agusto dentro de ellos mismos. Sin ir más lejos yo mismo. Muchas veces no me aguanto. Me gustaría ser otro, estar en otra parte, fuera de mi.
No os ha pasado nunca?. No habeis pensado cómo sentiríais si en lugar de ser Pedro o María, fuerais John o Sara. Si en lugar de vivir en Madrid, vivierais en El Cairo o en Praga.
Pero creo que ya sé lo que es. Es la puta Navidad, que se acerca sigilósamente. Aún no hace ruido, pero lo hará. Aún no ha iluminado nuestras calles, pero lo hará. Aún no ha entristecido a un montón de gente, pero ya empieza a hacer mella en ellos, en ti, en mi.
Hubo un tiempo en que pensé en fundar una Asociación de Papás Noeles asesinos. No para matar gente, por supuesto, sólo apagar luces y hacer desaparecer los jodidos villancicos.
Me di cuenta que era inevitable. Cada año la misma matraca. Yo empiezo a sentir los efectos sobre estas fechas y se acentúa a primeros de diciembre, para tener su punto álgido el 24 y el 31, qué horror. Otra vez las cenas. El imperativo de estar felices, las lucecitas, las cancioncitas, el gordo de rojo, los 3 reyes. Como si no tuvieramos bastante con la familia real todo el año. Hay que joderse, cómo me gustaría largarme a algún lugar tropical durante estas fechas.
En fin, empieza a hacerse tarde y ustedes querrán dormir y olvidarse un rato de quién son y por qué se preocupan por cosas insignificantes.
Es lo bueno de la noche, en algún momento uno se acaba durmiendo y deja un rato de existir.

